Quien no se ha encontrado alguna vez discutiendo con alguien y sintiendo que es como si le “hablara a una pared”?.

Imagina que varias personas deciden hacer un viaje y el día de la salida se presenta cada uno con un mapa donde tiene marcada la ruta para llegar al destino escogido, imagina que cada uno está convencido que su mapa indica la mejor ruta, es más, cada uno se niega ni siquiera a tener en cuenta el mapa de los demás. ¿En esta situación crees que sera posible que realicen el viaje deseado?, seguramente no ¿verdad?. Este comportamiento que así explicado parece absurdo es tan cotidiano como triste.

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No nos damos cuenta ya que su origen queda oculto tras el telón del cerebro inconsciente, un comportamiento que es cultivado y alimentado con las creencias y valores absorbidos de nuestros mayores o de personas que nos influyeron combinados con las experiencias vividas.

De hecho todo este conjunto de elementos son necesarios para confeccionar nuestro “mapa vital”,los ingredientes para el desarrollo de nuestra “personalidad” imprescindible para poder definir nuestra “identidad” dentro de los entramados de personas como la familia, el entorno de trabajo, el circulo de amistades, el vecindario, en definitiva en la sociedad.

Ahora, imagina que todas estas experiencias, creencias y valores que has ido almacenando en tu cerebro a lo largo de los años han creado una suerte de mapa con las rutas establecidas entre los puntos de origen, osea las diferentes circunstancias que se originan día a día y los puntos destino que son aquellas metas, objetivos o deseos que as alcanzado o que deseas alcanzar. Como no hay dos vidas idénticas tampoco existen dos mapas idénticos, y aunque es posible que el mapa de cierto numero de personas tenga un aspecto similar, cuando entramos al detalle las diferencias aumentan considerablemente.

Teniendo en cuenta todo esto, te puedes imaginar que sucede cuando dos personas con “mapas” diferentes intentan consensuar un objetivo común, cada uno verá la mejor manera de alcanzar el objetivo en base a “su mapa” y eso es absolutamente normal y natural. El problema aparece cuando son incapaces (generalmente por desconocimiento) de darse cuenta de este aspecto.

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Ahora bien, estos desencuentros tienen solución , consiste básicamente en estar dispuestos y decididos a comparar ambos mapas, y sopesar la mejor alternativa de forma objetiva. Lamentablemente esta alternativa muchas veces no es la escogida y además no lo es de forma inconsciente.

Una de las principales afirmaciones en la Programación Neuro-Linguística indica que “el mapa no es el territorio”, esto quiere decir que a pesar de nuestro convencimiento en cuanto al conocimiento de cualquier realidad, realmente nuestra percepción de la misma se haya condicionada por las creencias y valores (entre otros filtros) que hemos adoptado y adaptado a lo largo de los años. Como consecuencia es fundamental aceptar que nuestra “realidad” siempre será parcial y subjetiva, y desde este convencimiento estaremos más dispuestos a consensuar nuestro mapa con el de los demás, ya que somos, ahora si, conscientes de la inexistencia de la verdad o la razón absoluta por tanto aplicando esta sencilla premisa enfocaremos cualquier tipo de discusión a la búsqueda directa de la mejor opción y relegaremos al olvido las “discusiones inútiles”.

Ahora bien, ¿como se consigue esto?…